Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Marzal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Marzal. Mostrar todas las entradas

10 mar 2012

La rabia jubilosa de estar vivos


"La pequeña durmiente", de Carlos Marzal:

No es que el mundo esté bien: es que no existe.                   
No hay nada alrededor:                     
sólo tu sueño.             
Nada tiene más ley que tu abandono,            
tu suave abjuración,               
la dulce apostasía que te ausenta.                 

No hemos fundado el mundo: nunca cambia.            
Pero este cuadro es nuevo                 
-padre e hija-,            
porque sólo el amor es diferente,                  
sin por ello dejar de ser lo mismo.               

El anchuroso mundo, que no importa,                       
gravita en torno a ti: lo has imantado,                       
y vive irreprochable hacia tu brújula.                       
Lo innúmero se rinde a tu unidad sencilla.               

Durmiente flor desnuda en mis palabras,                  
adormidera de los desencantos,                    
prístina amapola pálida.

2 oct 2010

Otro poema de Marzal: Los insaciables


Con frecuencia el vivir
es una disciplina lamentable.
En la distancia no alcanzamos a ver
más que una eterna rueda de infortunios
que con nosotros juega mientras nos desposee.
El tedio erige sus altares,
nada se enseña y es del todo imposible
aprender nada.
La noche miente su hondura y su belleza
y es mentira el amor (ese juego de idiotas)
y la amistad ni fortalece ni acompaña,
porque es una mentira semejante.
Lo que fue y lo que es,
lo que habrá de venir
son un exacto lodazal de errores
ante el cual sólo cabe, inútilmente,
proclamar el desprecio.
Ellos lo saben.
Y desprecian lo que por vida se conoce,
escupen en el fondo de la noche,
prescinden del amor, que es para débiles,
y sin escrúpulos traicionan la amistad.
Todo, con tal de que se altere el curso de las horas,
con tal de conseguir un poco de placer
y robarle a la vida una vida infrecuente.
Una vida infrecuente y que no sacia.

Carlos Marzal
 

5 jul 2009

El último de la fiesta


Deberías marcharte. La fiesta ha terminado.
Helada y sucia ya se anuncia el alba
con su oscuro cortejo de presagios.
Tendrías que acostarte, huir de este lugar
antes de que la luz te restituya
esa imagen de ti que ya conoces,
indefensa a tus ojos, lastimosa.
.
Has tocado por hoy el fondo de tu noche:
las ropas no guardan la corrección de unas horas atrás
y tu lengua está torpe,
has empezado a hurgar en la memoria
y ya no hay quien te fíe.
Lo más sensato ahora sería retirarse.
.
Aquí, con convicción, ya nada te retiene.
Suena de nuevo idéntica la música
y no es fácil andar sobre el untuoso suelo del local.
Ha pasado la hora de raptarse alguna compañía
con quien querer fingir la noche inacabable,
y te será mejor no recurrira invitados finales,
errante cada cual en su constelación,
rezumando bebida como paredes húmedas,
dispuestos a cualquier confidencia extemporánea.
.
Es infame el lugar. Tal vez lo fuera siempre;
pero hasta hace poco era el teatro
idóneo para tus intenciones.
Se trataba de malgastar el tiempo,
uno más entre la turbadora clientela,
regresando al sabor bronco de noches apuradas,
de ti mismo perdido y encontrado.
El azar nos otorga reductos alejados de la severidad,
momentáneos reinos en donde nadie trata
el enojoso tema de la vida,
no importa si a conciencia o ignorantes
de que la vida huye al ser nombrada.
El azar nos obsequia y el azar nos despoja.
.
Así te ocurre ahora: la fiesta ha terminado,
y con la fiesta terminó el hechizo.
.
Has apurado el plazo
que la noche te había concedido,
y a quien la luz ha de traer
ya lo conoces.
Si vuelves hacia casa, con tus pasos
volverán sus pasos. Y a tu fatiga
su fatiga habrá de acompañar.
La fiesta ha terminado y queda su enseñanza:
como una vieja deuda contraída,
nada hay más imposible que escapar de nosotros.
Ya se aproxima el alba, y nadie ignora
que todo plazo acaba por cumplirse,
que toda deuda acaba por pagarse.
.
Ya ves; eso es lo que te aguarda, si te marchas,
y lo que aquí te espera no es mejor.
Conoces de antemano cuál será tu conducta:
sopesarás los dos ofrecimientos que posees-
la despoblada soledad de una fiesta ya extinta,
la habitual afrenta de estar solo contigo-
y antes de encaminarte hacia la casa
apurarás la noche un poco más.
(Un poco más, a estas torpes alturas de tu vida,
no puede ser muy malo.)
La fiesta ha terminado. Y aquí viene la luz, la vieja hiena.
.
Has apurado el plazo
que la noche te había concedido,
y a quien la luz ha de traer
ya lo conoces.
Si vuelves hacia casa, con tus pasos
volverán sus pasos. Y a tu fatiga
su fatiga habrá de acompañar.
La fiesta ha terminado y queda su enseñanza:
como una vieja deuda contraída,
nada hay más imposible que escapar de nosotros.
Ya se aproxima el alba, y nadie ignora
que todo plazo acaba por cumplirse,
que toda deuda acaba por pagarse.

Carlos Marzal

1 mar 2009

Mágico fluido vital: la fiebre eterna del alma humana


METAL PESADO, de Carlos Marzal

Igual que sucedía, siendo niños,
con las mágicas gotas de mercurio,
que se multiplicaban imposibles
en una perturbada geometría,
al romperse el termómetro, y daban a la fiebre
una pátina más de irrealidad,
el clima incomprensible de los relojes blandos.
Algo de ese fenómeno concierne a nuestra alma.
En un sentido estricto, cada cual
es obra de un sinfín de multiplicaciones,
de errores de la especie, de conquistas
contra la oscuridad. Un individuo
es en su anonimato una obra de arte,
un atávico mapa del tesoro
tatuado en la piel de las genealogías
y que lleva hasta él mismo a sangre y fuego.
No hay nada que no hayamos recibido
ni nada que no demos en herencia.
Existe una razón para sentir orgullo
en mitad de esta fiebre que no acaba.
Somos custodios de un metal pesado,
lujosas gotas de mercurio amante.

6 feb 2009

Pluscuamperfecto de futuro


Fragmento de un bello poema de Carlos Marzal:

Cuando deje las sábanas, mañana,
pensaré que mi sueño de la noche
no ha sido sólo un sueño
y que lo que me aguarda no es la huraña
mañana de mañana.
[...]
Seré un huésped del tiempo, un invitado
que aspira a estar contento y al cuidado
de las horas, hasta lograr que el tiempo
sea por fin mi líquido elemento,
y no un andén desierto en que aguardar
trenes de paso hacia ningún lugar,
cansado, el pensamiento, de sentir,
y de pensar, cansado el sentimiento.
Toda la peor vida de la vida,
que a veces es la única que ocurre,
le habrá ocurrido a un yo que no conozco,
un yo que a fuerza de desconocido
convierte en no vivido lo vivido,
y el yo que reconozco, el que comparte
la vida preferida
(ésa que ha estado siempre en otra parte)
será mi yo más mío.
Y la vida que venga será fácil,
o lo parecerá (que más me da)
será la dulce vida,
y por dulzura y por facilidad
será una eternidad mientras me dura,
aunque sólo me dure un día más.
Por eso, más que un día,
mi día de mañana es el proyecto
de un tiempo por llegar:
es el pluscuamperfecto de futuro.
Ya sólo hay que aprenderlo a conjugar.