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19 dic 2009

Escuchando con mis ojos: ¡los libros me hablan!


Muy en la línea de una entrada del pasado mes de octubre, "Indocti discant, et ament meminisse periti", he aquí otro magistral fragmento que nos invita a reflexionar sobre el valor de la lectura y sus beneficios. En esta ocasión es Franciso de Quevedo el que nos brinda unos excepcionales versos de los que podemos sacar mucho jugo.
Qué bella la idea de entender la lectura como conversación con las grandes almas de todos los tiempos. Una comunicación lingüística sin sonido pero que resulta la mejor comunicación de los espíritus, y en la que participan el yo, los libros, la imprenta y el tiempo. El soneto se merece una profunda lectura.

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos, libros juntos
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh, gran don Josef!, docta la imprenta.
En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.


8 nov 2008

Quevedo y su pesimismo barroco...


Represéntase la brevedad de lo que se vive
y cuán nada parece lo que se vivió

"¡Ah de la vida!" ... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;

las Horas mi locura las esconde.

¡Que sin poder saber cómo ni adónde,
la salud y la edad se hayan huído!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será y un es cansado.

En el hoy y mañana y ayer,
junto pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.


Signifícase la propia brevedad de la vida,
sin pensar y con padecer, salteada de la muerte

¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!
¡Poco antes, nada; y poco después, humo!
¡Y destino ambiciones, y presumo
apenas punto al cerco que me cierra!

Breve combate de importuna guerra,
en mi defensa soy peligro sumo;
y mientras con mis armas me consumo
menos me hospeda el cuerpo, que me entierra.

Ya no es ayer; mañana no ha llegado;
hoy pasa, y es, y fue, con movimiento

que a la muerte me lleva despeñado.

Azadas son la hora y el momento,
que, a jornal de mi pena y mi cuidado,
cavan en mi vivir mi monumento.