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6 mar 2010

Survivors


Las había vestidas y desnudas, con pintoresco traje de campesinas o complicados vestidos románticos que incluían guantes, sombreros y sombrilla. Algunas representaban niñas y otras mujeres adultas. Las había de rasgos groseros, infantiles, ingenuos, perversos… Los brazos y manos se alzaban a mitad de un imaginario movimiento de diversas posturas, como si los hubiese sorprendido así el soplo frío del tiempo transcurrido desde que las abandonó, o vendió, o murió, su propietaria. Niñas que al final fueron mujeres, pensó Julia, hermosas o desprovistas de atractivo, que después, alguna vez, amaron o quizá fueron amadas, habían acariciado esos cuerpos de trapo, cartón y porcelana con manos que ahora se consumían en el polvo de los cementerios. Pero todas aquellas muñecas sobrevivían a sus poseedoras; eran testigos mudos, inmóviles, que guardaban en sus imaginarias retinas viejas escenas domésticas, ya borradas del tiempo y la memoria de los vivos. Desvaídos cuadros esbozados entre brumas de nostalgia, momentos de intimidad familiar, canciones infantiles, amorosos abrazos. Y también lágrimas y desengaños, sueños reducidos a cenizas, decadencia y tristeza. Quizá, incluso, maldad. Había algo sobrecogedor en aquella multitud de ojos de vidrio y porcelana que la miraban sin parpadear, con la hierática sabiduría que sólo el tiempo posee, ojos inmóbiles incrustados en pálidos rostros de cera o cartón, junto a vestidos que el tiempo había oscurecido hasta dar un tono apagado y sucio a puntillas y encajes. Y el cabello peinado o en desorden, pelo natural –el pensamiento la hizo estremecerse– que había pertenecido a mujeres vivas.

Fragmento de "La tabla de Flandes", de Arturo Pérez-Reverte

27 feb 2010

Insólito (In articulo mortis)


¿Sentía realmente miedo? En otras circunstancias, la cuestión hubiera sido buen tema de discusión académica; en la grata compañía de un par de amigos, en una habitación cómoda y caldeada, frente a una chimenea y con una botella a medio vaciar. El miedo como factor inesperado, como conciencia estremecedora de una realidad que se descubre en un momento concreto, aunque siempre haya estado ahí. El miedo como final demoledor de la inconsciencia, o como ruptura de un estado de gracia. El miedo como pecado.

Sin embargo, caminando entre los colores de la noche, Julia era incapaz de considerar como cuestión académica lo que sentía. Había experimentado antes, por supuesto, otras manifestaciones menores de lo mismo. El cuentakilómetros que rebasa lo razonable mientras en paisaje desfila rápidamente a derecha e izquierda y la raya intermitente del asfalto parece una rápida sucesión de balas trazadoras, como en las películas de guerra, engullida por la voraz panza del automóvil. O la sensación de vacío, de hondura insondable y azul, al arrojarse de la cubierta de un barco en mar profunda y nadar, sintiendo cómo el agua resbala sobre la piel desnuda, con la desagradable certeza de que cualquier tipo de tierra firme está demasiado lejos de los pies.

Incluso esos otros terrores inconcretos que forman parte de una misma durante el sueño, para establecer duelos de caprichosos entre la imaginación y la razón, y a los que, casi siempre, basta un acto de voluntad para reducir al recuerdo, o al olvido, con sólo abrir los párpados hacia las sombras familiares del dormitorio.

Pero aquel miedo, que Julia acababa de descubrir, era diferente. Nuevo, insólito, desconocido hasta entonces, sazonado por la sombra del Mal con mayúscula, inicial de aquello que está en el origen del sufrimiento y del dolor. El Mal capaz de abrir el grifo de una ducha sobre el rostro de un hombre asesinado. El Mal que sólo puede pintarse con negro de oscuridad, negro tiniebla, negro soledad. El Mal con M de miedo. Con M de matar.

Fragmento de “La tabla de Flandes”, de Arturo Pérez-Reverte

7 feb 2010

Cremar era un plaer


"Era un plaer especial veure les coses devorades, veure-les ennegrides i canviades. Amb el bec de llautó a les mans, amb aquest gran pitó escopint el seu querosè verinós sobre el món, la sang li batia dins el cap i les seves mans eren les mans d'un admirable director d'orquestra interpretant totes les simfonies de flames i foc per abatre les esparracades i carbonitzades ruïnes de la història. Amb el simbòlic casc numerat 451 al seu cap simple i els ulls esdevinguts flames ataronjades només de pensar el que anava a passar, va disparar el contacte d'ignició i la seva casa va desaparèixer empassada per un foc que cremava el cel del vespre, vermell i groc i negre.

Travessà un eixam de lluernes. Per damunt de tot volia, com en el vell acudit, posar un caramel de pal dins el forn, mentre les ales de colom dels llibres s'agitaven nerviosament i morien al porxo de la casa i damunt la gespa. Mentre els llibres desapareixien en remolins espurnejants i un vent enfosquit per l'incendi se'ls enduia."


Fragment de Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

23 dic 2009

Drama em gente


Más «pensamientos».

Día de Navidad. (Humanismo. La «realidad» de la Navidad es subjetiva. Sí, en mi ser. La emoción, como vino, ha pasado. Pero durante un momento he convivido con las esperanzas y las emociones de generaciones innumerables, con las imaginaciones muertas de todo un linaje muerto de místicos.
¡Navidad en mi)
 
Fernando Pessoa

24 oct 2009

Indocti discant, et ament meminisse periti



Si tan noble se considera la invención del barco que lleva de un lugar a otro las riquezas y los placeres de la vida y comunica entre sí las regiones más alejadas para que compartan sus diversos productos, cuánto más debe exaltarse a los libros que, como los navíos, atraviesan los dilatados mares del tiempo y permiten a los hombres participar de la sabiduría, las luces y los descubrimientos de las edades más remotas.

Francis Bacon

23 jul 2009

La reina con la corona bien puesta


A una reina el destino siempre le sonríe... Será porque las reinas sonríen a la vida cada mañana (...)
A una reina se le puede mover la corona, pero caer... ¡Nunca!

(...) A veces, el destino tiene preparada una sorpresa aún mejor. No siempre lo mejor para nosotros es lo que deseamos en un momento determinado de nuestra vida. Ya te conté que la reina era una mujer sabia, como corresponde a una alma evolucionada. Por lo que, sabiendo que todo sucede de acuerdo con nuestro mejor bien y cuando ha de acontecer, decidió salir adelante con la certeza de que si el caballero era su destino así sería. En caso contrario, su auténtico destino no iba a permitir que ella se quedase sin recibirlo. Su ángel custodio tenía que ahuyentar al caballero de la vida de la reina, también de su corazón. Dado que nada sucede sin un por qué --todo problema encierra la semilla de una oportunidad-- , imaginemos que el caballero había aparecido en la vida de la reina porque esta tenía algo que enseñarle, como una especie de "compromiso del alma" con el caballero de la armadura demasiado oxidada, y nada más. Un compromiso que versaba sobre la entrega de magia, enseñanza vital o apertura a las mazmorras interiores... De hecho, la presencia de la reina supuso, en el caso del caballero, una fuerte sacudida de sus estructuras vitales. No en vano, ella, al ser diametralmente diferente de todas las que había conocido anteriormente en su vida, le dejó boquiaberto el sentido y mareada la armadura. Asimismo, dicha sacudida puso de manifiesto la debilidad de sus coartadas, la incertidumbre de su vida y la inseguridad de su máscara vital (personaje de protección creado por su Ego), ya que ésta se quebró con demasiada facilidad ante la luminosidad de la reina. Por consiguiente, cumplido el compromiso, la reina quedaba liberada para poder seguir adelante sin tener que esperarle. Y así lo hizo.

(...) El destino nunca deja de lado a una reina, nunca. Sencillamente porque una reina no se deja a sí misma de lado jamás. No dejarse de lado significa asumir responsabilidades, analizar el qué, cómo, dónde y con quién en vez de culpabilizarse. Todo esto equivale a hacer un análisis somero de la situación, evaluar los daños, decidir una estrategia para reparar lo reparable e idear cómo evolucionar a partir de la experiencia.

Fragmento de "La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada", de Rosetta Forner

5 jun 2009

Lo hacen con los ojos tapados

"Al rato, de nuevo con el arma desmontada y mientras palpaba los contornos de cada pieza, ella adivinó su presencia , y sin quitarse el pañuelo de los ojos hizo una observación. Hasta hoy, dijo, nunca imaginé que estas cosas pudieran ser objetos bellos. Tan pulidas. Tan metálicas y tan perfectas. El tacto descubre en ellas virtudes que no estaban a la vista. Escucha. Encajan con maravillosos chasquidos. Son hermosas y siniestras al mismo tiempo, ¿verdad? Durante los últimos treinta o cuarenta años, estas piezas de formas extrañas han querido cambiar el mundo, sin éxito. Arma barata de los parias de la tierra, millones de unidades fabricadas, tripas al aire sobre mis piernas enfundadas en vaqueros carísimos. Los surrealistas habrían enloquecido con este ready-made. ¿No crees, Faulques? Me pregunto cómo lo llamarían. ¿Oportunidad Perdida? ¿Funeral De Marx? ¿Este Arma No Es Un Arma? ¿Cuando La Guerra Se Va, La Poesía Vuelve? Acaba de ocurrírseme que la firma del señor Kalashnikov vale tanto como la del señor Mutt. O mucho más. Después de todo, quizá la obra de arte representativa del siglo XX no sea el urinario de Duchamp, sino este conjunto de piezas desmontadas. Sueño Roto de Metal Pavonado. Ese nombre me gusta más, creo. No sé si el AK-47 figura en algún museo de arte contemporáneo, pero debería estar, así, en piezas. Como este. Todo inútilmente bello, una vez deshecho y expuesto, mecanismo a mecanismo, sobre un poncho militar manchado de grasa. Sí. Ajústame el pañuelo, por favor. Se afloja, y no quiero hacer trampas. Bastantes hago con una cámara al cuello, un pasaporte civilizado y un billete de vuelta en el bolsillo. Soy un técnico indulgente, ¿te das cuenta? Mujer Que Monta Y Desmonta Y Vuelve A Montar Un Fusil Inútil. Sí. Lo tengo. Me parece que ese es el título adecuado. Y ni se te ocurra sacarme esa foto, Faulques. Te oigo trajinar en la bolsa de las cámaras. El verdadero arte moderno es efímero o no es."

Fragmento de "El pintor de batallas", de Arturo Pérez-Reverte.

27 abr 2009

Tiempo incierto sobre falso ataque


Media hora antes contempló por sexta vez su imagen en el espejo, obteniendo una impresión satisfactoria. Pocos de sus conocidos ofrecían semejante aspecto a su edad. De lejos se le habría tomado por un joven, debido a su delgadez y agilidad de movimientos, conservados por el ejercicio continuo de la profesión. Se había rasurado a conciencia con su vieja navaja inglesa de mango de marfil, y recortado más cuidadosamente que de costumbre el fino bigote gris. El pelo blanco, algo rizado en la nuca y las sienes, estaba peinado hacia atrás con sumo esmero; la raya, alta y a la izquierda, era tan impecable como si hubiera sido trazada con ayuda de una regla.
Se encontraba de buen ánimo, ilusionado como un cadete que, estrenando uniforme, acudiese a su primera cita. Lejos de incomodarle aquella casi olvidada sensación, se recreaba en ella, complacido. Cogió su único frasco de agua de colonia y dejó caer unas gotas en las manos, palmeándose después las mejillas con el discreto aroma. Las arrugas que rodeaban sus ojos grises se acenturaron en una íntima sonrisa.
Por descontado, nada equívoco esperaba de la cita. Jaime Astarloa era demasiado consciente de la situación como para albergar estúpidos ensueños. Sin embargo, no se le escapaba que todo aquello encerraba un especial atractivo. Que por primera vez en su vida tuviese por cliente a una mujer, y que ésta fuese precisamente Adela de Otero, daba a la situación un singular matiz que en su fuero interno calificaba de estético, aunque sin saber muy bien por qué. El hecho de que su nuevo cliente perteneciera al sexo opuesto era algo que ya tenía asumido; dominada la inicial resistencia, rechazados los prejuicios hasta un rincón en el que apenas se les oía protestar débilmente, su lugar era ocupado ahora por la grata sensación de que algo nuevo estaba ocurriendo en su hasta entonces monótona existencia. Y el maestro de esgrima se abandonaba, complacido, a lo que se le antojaba un otoñal e inofensivo escarceo, un sutil juego de sentimientos recién recobrados, en dónde él sería único protagonista consciente.

Fragmento de “El maestro de esgrima”, de Arturo Pérez-Reverte

1 mar 2009

Absolutely nothing


"Me marchaba ahora sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de la calle Aribau no me llevaba nada. Al menos, así creía yo entonces."
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Carmen Laforet
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¿Nada? La terrible verdad no sospechada...
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16 feb 2009

Intus Nero, foris Cato


--¿Por qué nosotros? --preguntó don Ibrahim.
Peregil lo miró a los ojos, y por una décima de segundo advirtió la ansiedad que también latía allá, al fondo, oculta tras las pupilas dilatadas y tristes de su interlocutor. Tragó saliva antes de pasarse el dedo entre la piel y el cuello de la camisa, y volvió a mirar el cigarro del gordo y proscrito abogado, la nariz rota del Potro, el lunar postizo de la Niña. Con lo que le quedaba en el bolsillo, aquello era a cuanto podía aspirar: tres matados en dique seco, mejores para un asilo que para la calle. Restos del naufragio. Desechos de tienta.
--Sois los mejores --respondió, ruborizándose.

Fragmento de LA PIEL DEL TAMBOR,
de Arturo Pérez-Reverte

1 ene 2009

Quiddidad


“- ¿Lo ves que eres ñeco del haba? Nuestro Señor era hijo de un carpintero y estaba acompañado por unos muertos de hambre peor que él; durante toda su vida llevó un único vestido, nos lo decía el cura en la iglesia, que no tenía costuras para que no se le estropeara antes de cumplir los treinta y tres, y tú me sales con que se iba de jarana con un cáliz de oro y lapislázuli. Bien me la cuentas tú. Ya era mucho si tenía una escudilla como ésta, que se la había tallado su padre de una raíz, como hice yo, cosas que duran toda una vida y no se rompen ni con un martillo; anda, que ahora que me lo pienso, dame un poco de esta sangre de Jesucristo, que es lo único que me ayuda a morir bien.
Por todos los diablos, decía Baudolino. Tiene razón este pobre viejo. El Greal debía de ser una escudilla como ésta, sencilla, pobre como el Señor. Por eso quizá esté ahí, al alcance de todos, y nunca nadie lo ha reconocido porque durante toda la vida han buscado una cosa que reluce.”

Fragmento de BAUDOLINO, de Umberto Eco.

13 dic 2008

Pessoa: "Uma erudição de lombada"


Texto de Fernando Pessoa, sobre la diferencia entre cultura y erudición:

"Entre los diferentes prejuicios que forman el único bagaje literario con que nuestros «críticos» van de viaje a Santarém (un conocido proverbio allí los espera), el más singular e inexplicable es aquel que consiste en confundir cultura con erudición. Es frecuente sorprender a nuestros pensadores de periódico en el flagrante delito de afirmaciones como esta: que tal criatura es culta porque ha leído mucho, porque sabe mucho, porque compulsó, asimilando, una gran cantidad de páginas de libros.

Al contrario de los prejuicios de la plebe legítima, que muchas veces hacen pie en la observación, los dogmas de la plebe intelectual son falsos en toda su extensión. Éste, que acabo de citar, es uno de los más falsos. Porque no sólo erudición y cultura no son lo mismo, sino que hasta son cosas opuestas. No vayan a creer, por cierto, que mi explicación sea que es erudito quien leyó sin combinar lo que leyó, y culto quien lee aprovechando. Yo nunca doy explicaciones que se puedan prever; si así fuese, ¿valdría la pena darlas?

La diferencia entre culto y erudito es que quien es erudito se hace erudito, y quien es culto nace culto. Nascitur, non fit es verdad del hombre culto como del poeta. Porque la cultura, más que una movilización del espíritu, es una actitud suya. Y esa actitud, cuando no se nace con ella, es inútil intentar adquirirla. En su ensayo sobre Shakespeare, el crítico inglés Walter Bagehot encuentra en el poeta una facultad prominente, la que, de acuerdo con la tendencia inglesa para […], define como la facultad de experienciar.
Discúlpese la traducción que hago; otro término, ya hecho, no convendría. Shakespeare, opina Bagehot, tenía la facultad superior de sacar de todo cuanto veía o leía, de todo a cuanto asistía, elementos de originalización; a eso llama Bagehot la facultad de experienciar. En contraste, él muestra a Guizot y a Macaulay, los cuales, lectores asiduos, políticos asiduos, no recogieron, sin embargo, de la experiencia de sus vidas otra enseñanza que enseñanza ninguna.


Soy yo, no obstante, y no Bagehot –no vaya la malevolencia del lector a sonreír, que yo adapto y traduzco lo que voy teorizando– que hago la distinción entre culto y erudito. Hombre culto es aquel que, de todo a lo que asiste aumenta, no sus conocimientos, sino su estado de alma. El erudito lee y queda sabiendo; cuanto más lee, más queda sabiendo. El hombre culto, en general, cuanto más lee de menos queda seguro. La seguridad y la confianza son atributos finales de la erudición; como el escepticismo y la hesitación la condición extrema de la cultura. Una erudición de lomo y contratapa, como dicen los necios, sirve más a un culto, que una lectura a fondo a un erudito. Un título puede hacer recoger más de toda la obra –dado que alguien nazca recolector– que su lectura completa. Nosotros no tenemos hombres cultos; apenas tenemos eruditos. O, antes, los hombres cultos que tenemos son hombres de genio, lo que es demasiado para un pueblo tan pequeño.

Pensarán tal vez que confundo culto con inteligente. Sería un error pensar tal cosa. Yo nunca confundo nada. Hombre inteligente es el que con facilidad saca conclusiones de lo que lee o ve; el hombre culto es el que, naturalmente, siente y no saca conclusiones, o las saca, conforme caiga a su disposición del momento.

Viene todo a propósito de llegar a decir cuál es la tragedia de Portugal. Es la de que, teniendo varios eruditos, y mucha gente inteligente, poquísima gente tenemos que sea culta. Vean cuánta criatura, cuando le presentan algo nuevo, procura comprender. Un hombre culto procura sentir. Percibir implica un esfuerzo. Sentir implica una pasividad deliciosa. La disposición enérgica, violenta, poco indolente del portugués lo lleva hacia la acción precipitadamente. La ciencia de la inacción, la más civilizada de las ciencias, está poco desarrollada entre nosotros. Nuestra tendencia a actuar nos quedó, como una maldición, de la aventura de los descubrimientos. Expiamos la gloria de nuestros mayores en la doliente preocupación de lo útil."

Fernando Pessoa