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3 oct 2012

Poema de un rato

Dijo un alma original
(y antes lo dijo Unamuno)
que en cada uno
hay cuatro yo. No está mal:
1)
el individuo real,
que sólo ve claro Dios,
2)
el que uno piensa que es,
3)
el que se imaginan los
demás que somos y 4)
el que uno quisiera ser.
 
Pero a fuer
de sincero,
puesto que el tema me importa,
te diré que considero
que la lista queda corta
 
porque, además de esos cuatro
señalados, hay un yo
que hemos sido y se perdió
(¿o son una multitud?),
y otros mil que no serán pero que pudieran ser si no nos falta salud.
 
Echa las cuentas, a ver si no van
ya 1.005 como poco.
(Y no cuento
para no volverme loco
esos que en cada momento
estamos no siendo.)
                              Y
todo se complica aún más
porque (aunque nunca jamás
sufrí
por el complejo de Freud),
podemos estar seguros
—yo desde luego lo estoy—
de que en sótanos oscuros
de nuestra vida consciente
tenemos —parece broma—
alojada mucha gentedesconocida (que asoma
de diferentes maneras
cuando menos te lo esperas);
así que, válgate Dios, toma
y multiplica por dos
lo que hasta aquí te ha contado esta humilde versiprosa
de éste no sé si ex poeta
y verás qué resultado.

Que me corten esta mano
si existe en nuestro planeta
especie más numerosa
que un solo ejemplar humano.
 
Miguel d’Ors

10 mar 2012

La rabia jubilosa de estar vivos


"La pequeña durmiente", de Carlos Marzal:

No es que el mundo esté bien: es que no existe.                   
No hay nada alrededor:                     
sólo tu sueño.             
Nada tiene más ley que tu abandono,            
tu suave abjuración,               
la dulce apostasía que te ausenta.                 

No hemos fundado el mundo: nunca cambia.            
Pero este cuadro es nuevo                 
-padre e hija-,            
porque sólo el amor es diferente,                  
sin por ello dejar de ser lo mismo.               

El anchuroso mundo, que no importa,                       
gravita en torno a ti: lo has imantado,                       
y vive irreprochable hacia tu brújula.                       
Lo innúmero se rinde a tu unidad sencilla.               

Durmiente flor desnuda en mis palabras,                  
adormidera de los desencantos,                    
prístina amapola pálida.

30 nov 2010

Directo, concreto, simple y a la vez reflexivo



No soy igual en lo que digo y escribo.
Cambio, pero no cambio mucho.
El color de las flores no es el mismo bajo el sol
que cuando una nube pasa
o cuando entra la noche
y las flores son color de sombra.
Pero quien mira ve bien que son las mismas flores.
Por eso cuando parezco no estar de acuerdo conmigo
fijaros bien en mí:
si estaba vuelto para la derecha
me volví ahora para la izquierda,
pero soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies.
El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra
y a mis ojos y oídos atentos
y a mi clara sencillez de alma.

Alberto Caeiro (Fernando Pessoa)

2 oct 2010

Otro poema de Marzal: Los insaciables


Con frecuencia el vivir
es una disciplina lamentable.
En la distancia no alcanzamos a ver
más que una eterna rueda de infortunios
que con nosotros juega mientras nos desposee.
El tedio erige sus altares,
nada se enseña y es del todo imposible
aprender nada.
La noche miente su hondura y su belleza
y es mentira el amor (ese juego de idiotas)
y la amistad ni fortalece ni acompaña,
porque es una mentira semejante.
Lo que fue y lo que es,
lo que habrá de venir
son un exacto lodazal de errores
ante el cual sólo cabe, inútilmente,
proclamar el desprecio.
Ellos lo saben.
Y desprecian lo que por vida se conoce,
escupen en el fondo de la noche,
prescinden del amor, que es para débiles,
y sin escrúpulos traicionan la amistad.
Todo, con tal de que se altere el curso de las horas,
con tal de conseguir un poco de placer
y robarle a la vida una vida infrecuente.
Una vida infrecuente y que no sacia.

Carlos Marzal
 

5 jun 2010

Preámbulo a un silencio

Porque se tiene conciencia de la inutilidad de tantas cosas
a veces uno se sienta tranquilamente a la sombra de un árbol
en verano
y se calla.

(? ¿Dije tranquilamente? falso, falso:
uno se sienta inquieto, haciendo extraños gestos,
pisoteando las hojas abatidas
por la furia de un otoño sombrío,
destrozando con los dedos el cartón inocente de una caja de fósforos,
mordiendo injustamente las uñas de esos dedos,
escupiendo en los charcos invernales,
golpeando con el puño cerrado la piel rugosa de las casas
que permanecen indiferentes al paso de la primavera
una primavera urbana que asoma con timidez los flecos
de sus cabellos verdes allá arriba,
detrás del zinc oscuro de los canalones,
levemente arraigada a la materia efímera de las tejas a
punto de ser de polvo.)

Eso es cierto, tan cierto
como que tengo un nombre con alas celestiales,
arcangélico nombre que a nada corresponde:
Ángel
me dicen
y yo me levanto
disciplinado y recto
con las alas mordidas
quiero decir: las uñas
y sonrío y me callo porque, en último extremo,
uno tiene conciencia
de la inutilidad de todas las palabras.
Ángel González 

24 abr 2010

Mi nombre es Clodia (¡Hola y adiós!)


Tina Suárez Rojas (...) habla a través del personaje de Clodia ―la que Catulo llama Lesbia en sus poemas― para desdecir, con inaudita crudeza de expresión, las manifestaciones del poeta, demasiado sublime ―a juicio de Clodia― en su escritura, para revelar algunos otros detalles de su convivencia que no pasaron a los versos, y para rebelarse en definitiva contra la literatura desde una percepción presuntamente más realista de su relación con el poeta, sin que falte, al final, el guiño anacrónico de complicidad con el contexto cultural contemporáneo.

El poema se titula «Mi nombre es Clodia» y va precedido de una cita de Quevedo que dice:
«Puto es el hombre que de putas fía/ y puto el que sus gustos apetece».
Y dice así:
Pretendes hacerme pasar
a la historia
y a la historia de la literatura
por ser la mujer
que más has amado
la más bella en veleidades
también del imperio la más puta

de la halitosis de tus besos
de tu caspa testicular
del hedor de los altos sentimientos
que por el nalgatorium expedías
no diste testimonio alguno
¿cómo no arremeter contra fides
ante tanta adversidad? y sin embargo
hoy a ti te acompañan los manes
a mí me persiguen lemures
mira que era patricia
a los ojos de roma inteligente distinguida
que envenené a metelo con pulcritud
que he fornicado siempre con disimulo
de nada me arrepiento pese a todo
antes bien
regocijo me provoca recordar
no haberte dedicado nunca
el sagrado eleleu
por más que fingir a tu lado
fuera fingimiento natural y no
favoritismo de los dioses
excelente poeta no lo dudo
como amnate con la intención no basta

quisiera reposada en el triclinio
abandonarme a racimos salaces
sin tener que percibir los ecos
de tus yambos acusicas
deja al menos por Júpiter de llamarme Lesbia
que no da lugar sino a equívocos

AVE ET VALE CATULO
QUE TE ZURZAN

Fuente: http://www.ediciones-encuentro.es/
Texto de Vicente Cristóbal

Mensajes en botellas rotas


RELATIVIDAD, de Roger Wolf:

La vida es como
despertarse
a media noche
aturdido
y confuso, absolutamente
estúpido,
forzando
ojos arruinados
para ver el reloj:
nunca sabes
demasiado bien
si son las 3 y 1/2
o las 6 y 1/4.
Y lo que es más,
a quién
coño
le
importa.

23 abr 2010

El principio activo de la oblicuidad (pudor poético)

VILLANESCA, de Tina Suárez Rojas

muérase la primavera

su siempreviva
su nomeolvides
su aquitespero

muéranse sus bonituras
y sus primores
el putrefacto arrebol
de tanto abril
y tanto mayo la terapia
intensiva de su verde
celaje la calmosa sevicia
de sus madrigales
el catarro insoluble
de sus torpes ranúnculos
calamidad abajo

muéranse las dalias
contra los alelíes
suenen a vísperas de huesos
las calandrias
sangre el pitiminúsculo
pimpollo de sus amantes
en babia
que no traspase una prenda
la ensoñadora fragancia
de su infamia
que no se rindan
los corazones
al gesto abierto
de su hecatombe

vade retro primavera
tornasolada bastarda
no pretendas herbolar
con tu esperanza
los posos de mi túmulo
olvidado
no me asistas
no te entregues no me colmes
te lo he dicho y aún te niegas

esto no es arcadia

11 abr 2010

Here and now (indecisión)


No pienses en mañana
ni me hagas promesas
ni tú serás el mismo
ni yo estaré presente.

Vivamos juntos la cima de este amor
sin engaños
sin miedo
transparentes.

Claribel Alegría

19 mar 2010

Guerra sucia


"Amaños, arterias, trucos del corazón
que aplacan la conciencia cuando les damos vuelta."
Francisco Díaz de Castro

Sospecho que jamás volveré a verte.
Sospecho que será mi amor tan corto
como el viaje en un tren de cercanías,
que no apartarás, durante el trayecto,
la mirada del libro que sostienes
con firmeza entre las manos, ajena
a la lluvia, al paisaje, a mi presencia.

Mientras, el silencio pasa rozándote,
rozándonos los labios
hablándome de ti,
de la noche que se acerca insegura,
humilde y vacía como la próxima
estación, como el próximo fracaso.

Indiferente y sola, te marchaste.
En el aire viciado del vagón
quedó flotando el poso
de la nostalgia. Perseguí a través
del cristal el fantasma de un recuerdo,
si hermoso o terrible, lo desconozco.
Pero no renunciaré -porque me pertenece-
a la lectura de ese joven cuerpo
ala deriva, a inventar un pasado,
a defender la bondad de los sueños.

Tal vez, años después, ya casi viejo,
me arrepienta de las horas perdidas
observando cómo el deseo mancha
las paredes insomnes de la casa,
cómo cubren de escombros y hojas muertas
el jardín. Tal vez piense que, en el fondo,
todo tiene un precio, que fabriqué
una historia, una vida fantástica,
irreal que -como advertía Rilke-
debo olvidar para hacerla únicamente
mía y que desdibujo sin pudor
como argumento para emborronar
unas cuartillas y engañar así
al inocente lector que me cree
sincero y siente, quizá, en su propia
carne la herida informe, no cerrada
del amor traicionado.

Depende de mí, de si continúo
o no este juego que vivas o mueras.
Con un golpe de suerte, con los dados
trucados puedo desenmascararte.

Carlos Alcorta

5 mar 2010

Limpieza ("una nada llena")


Poema GNOSIS, de Beatriz Zuluaga:

¿Conoces el olvido?
Es blanco, dolorosamente blanco.
Acaso en un instante
se descorra un horizonte rojo,
y corramos tras él,
para sumir el blanco que nos pesa

y nuevamente es níveo el camino;
en las manos se prende la agonía
y dobla en las arterias la campana.
Quizá nos arrastramos...
porque es lento el camino y es tan blanco,
que se pierde el contacto con la vida.

¿Conoces el olvido?
Mira mis manos blancas, mi cabello,
la sangre que no tiñe,
el pulso que repite horas vacías,
y este grito callado en la garganta.

¿Conoces el olvido?
Mira mi sombra blanca...
y este lento camino hecho de nieve.

8 feb 2010

El día se ha ido

Ahora andará por otras tierras,
llevando lejos luces y esperanzas,
aventando bandadas de pájaros remotos,
y rumores, y voces, y campanas,
-ruidoso perro que menea la cola
y ladra ante las puertas entornadas.

(Entretanto, la noche, como un gato
sigiloso, entró por la ventana,
vio unos restos de luz pálida y fría, y
se bebió la última taza.)

Sí;
definitivamente el día se ha ido.
Mucho no se llevó (no trajo nada);
sólo un poco de tiempo entre los dientes,
un menguado rebaño de luces fatigadas.
Tampoco lo lloréis. Puntual e inquieto,
sin duda alguna, volverá mañana.
Ahuyentará a ese gato negro.
Ladrará hasta sacarme de la cama.

Pero no será igual. Será otro día.

Será otro perro de la misma raza.


Ángel González

9 ene 2010

Tu boca viene a mí, solo tu boca...


Tu boca viene a mí, solo tu boca.
Viene volando,
libélula de sangre, llamarada
que enciende ésta mi noche de ceniza.
Toda la sal del mar habita en ella,
todo el rumor del mar,
toda la espuma.
Boca para los besos dibujada,
donde duerme tu lengua tentadora.
Todo el vino del mundo está en tu boca,
todo el pecado
y la inocencia toda.
Boca que calla y cuando dice, oculta.
Capaz de toda la verdad tu boca,
de toda la verdad y la mentira.
Ríe tu boca y se despierta el día.
(Relámpagos de nieve hay en tu risa).
Como un tropel de potros me atropellan
los besos de tu boca deliciosa;
tu boca, mariposa equivocada,
tu boca ajena que se desdibuja
en mi noche de círculo y ceniza.

Piedad Bonett

19 dic 2009

Escuchando con mis ojos: ¡los libros me hablan!


Muy en la línea de una entrada del pasado mes de octubre, "Indocti discant, et ament meminisse periti", he aquí otro magistral fragmento que nos invita a reflexionar sobre el valor de la lectura y sus beneficios. En esta ocasión es Franciso de Quevedo el que nos brinda unos excepcionales versos de los que podemos sacar mucho jugo.
Qué bella la idea de entender la lectura como conversación con las grandes almas de todos los tiempos. Una comunicación lingüística sin sonido pero que resulta la mejor comunicación de los espíritus, y en la que participan el yo, los libros, la imprenta y el tiempo. El soneto se merece una profunda lectura.

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos, libros juntos
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh, gran don Josef!, docta la imprenta.
En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.


15 nov 2009

Poeta por inanición



A falta de amordeduras
y otros bocados me saldrá
un poema indigente
feo
renqueante
famélico
lacio de sortilegios
con las estrofas voraces
atroz en su ritmo dentado
salivándome los versos mientras
sustantivos y verbos se devoran
las negras quijadas

me saldrá del poema la hambruna
por no acontecer
el deseo en tus brazos


y sin embargo
para esos ojos de hiena

con qué sabrosa cadaverina
con qué enamorada carroña lírica
habré empachado tu natural soberbia

Tina Suárez Rojas

10 oct 2009

Escudo


LOS MALES DESPERTARES, de Felipe Benítez Reyes

Defiéndete de ellas. De esas noches
que merecen los turbios homenajes
de la literatura, y que tú ves brillar
en esa joya oscura
-y banal-
que es siempre una metáfora.

-Vosotras,
noches furtivas, malas perras
de arrabal.

Las que perduran
como emblema de juventud en la memoria
no son noches de amor,
sino de gloria pasajera, de tiniebla
y temor, cuando el fondo de un vaso
describe el cielo sucio
que recorre la estrella
fugaz de la alegría.

Defiéndete de ellas. Del disfraz
literario con que ocultan
su carne de ángel muerto,
su luna de guiñol entenebrada.

Defiéndete de ellas.
Y entre la luz de nuevo
-y entre el aire inocente-
en esta habitación enrarecida.

7 oct 2009

Variaciones sobre un viejo tópico


Los violines de Verlaine.
Los soñados caminos de la tarde, de don Antonio.
Un viejo olor a campo.
Un viejo olor a lápices y a cuadernos.
El cielo gris.
El viento entre los árboles.
La caricia de las primeras lluvias.
La tristeza sin causa.
La soledad sonora.
La noche, cada vez más oscura y más larga.
Un cigarrillo que de pronto te sabe al primer cigarrillo.
Una antigua canción que te devuelve tus quince años.
Toda tu vida en imágenes, que acuden atropelladamente
como en una película mal montada...

Ha llegado el otoño.

 Javier Salvago

20 sept 2009

Aquellos maravillosos años (res amissa)


Que la vida dolía
yo lo aprendí muy pronto.
Quizá por eso anduve tantos años
huyendo de la vida, como loco;

ciego, para no ver lo que sabía
que iba a ver nada más abrir los ojos;
borracho, para no mirar de frente
su impenetrable rostro.


Para poder vivir en paz, sin miedo,
para animarme, me lo bebí todo.
—Sólo así conseguí, en algún momento,


ser feliz y gozar la vida a fondo.
Pero el sueño de la razón es sueño
y engendra monstruos.


Javier Salvago
 

13 jul 2009

Todo amor es efímero


Ninguna era tan bella como tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba:

mi vida entera.

Ángel González

10 jul 2009

Sin edad


"Es tarde para la rosa.
Es pronto para el invierno."
Dulce María Loinaz

Hoy sueño que caminas a mi lado
y juegan en el suelo nuestras sombras
como gráciles aves sin edad.
Y la sombra sin edad de tu mano
acaricia un lugar en el suelo
donde podría estar mi corazón.
Y la sombra sin sombras de mis labios
busca el lugar exacto
donde dejar los besos, las palabras.
La soledad es sólo
el peso de tu nombre en la memoria.

Irene Sánchez Carrón