19 dic 2009

Escuchando con mis ojos: ¡los libros me hablan!


Muy en la línea de una entrada del pasado mes de octubre, "Indocti discant, et ament meminisse periti", he aquí otro magistral fragmento que nos invita a reflexionar sobre el valor de la lectura y sus beneficios. En esta ocasión es Franciso de Quevedo el que nos brinda unos excepcionales versos de los que podemos sacar mucho jugo.
Qué bella la idea de entender la lectura como conversación con las grandes almas de todos los tiempos. Una comunicación lingüística sin sonido pero que resulta la mejor comunicación de los espíritus, y en la que participan el yo, los libros, la imprenta y el tiempo. El soneto se merece una profunda lectura.

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos, libros juntos
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh, gran don Josef!, docta la imprenta.
En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.


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