5 jul 2009

El regalo fugaz de su hermosura...


Vámonos, corazón, hemos perdido,
ya nunca espigarán tus ilusiones.
Recoge tu esperanza y tus canciones
y partamos en busca del olvido.
Vámonos, corazón, ya tu latido
sólo podrá contar renunciaciones.
Guarda su nombre con tus oraciones
y si debes sangrar, sangra escondido.
Vámonos, corazón, tu fe no existe.
Al fin y al cabo tu naciste triste
y triste en cualquier puerto morirás.
Vámonos, corazón, ya no la esperes.
Bendice su recuerdo si así quieres,
pero marchemos sin mirar atrás.

Jorge Robledo Ortiz

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado, Mireia, más por su musicalidad que por el contenido. Pero precioso también, aunque triste, en su sentido.
Un beso.
Diego

Crestfallen dijo...

Este poema me impactó desde el primer día que le leí. Veo algunas conexiones con el "Advertencia" de Felipe Benítez Reyes (que también publiqué hace unos meses aquí en el blog), por lo de la "dignidad", aunque este sea más dramático, tal vez en exceso. Triste pero bonito poema, sí.
Saludos Diego!