ya nunca espigarán tus ilusiones.
Recoge tu esperanza y tus canciones
y partamos en busca del olvido.
Vámonos, corazón, ya tu latido
Vámonos, corazón, ya tu latido
sólo podrá contar renunciaciones.
Guarda su nombre con tus oraciones
y si debes sangrar, sangra escondido.
Vámonos, corazón, tu fe no existe.
Vámonos, corazón, tu fe no existe.
Al fin y al cabo tu naciste triste
y triste en cualquier puerto morirás.
Vámonos, corazón, ya no la esperes.
Vámonos, corazón, ya no la esperes.
Bendice su recuerdo si así quieres,
pero marchemos sin mirar atrás.
Jorge Robledo Ortiz

2 comentarios:
Me ha encantado, Mireia, más por su musicalidad que por el contenido. Pero precioso también, aunque triste, en su sentido.
Un beso.
Diego
Este poema me impactó desde el primer día que le leí. Veo algunas conexiones con el "Advertencia" de Felipe Benítez Reyes (que también publiqué hace unos meses aquí en el blog), por lo de la "dignidad", aunque este sea más dramático, tal vez en exceso. Triste pero bonito poema, sí.
Saludos Diego!
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