23 jul 2009
La reina con la corona bien puesta
A una reina el destino siempre le sonríe... Será porque las reinas sonríen a la vida cada mañana (...)
A una reina se le puede mover la corona, pero caer... ¡Nunca!
(...) A veces, el destino tiene preparada una sorpresa aún mejor. No siempre lo mejor para nosotros es lo que deseamos en un momento determinado de nuestra vida. Ya te conté que la reina era una mujer sabia, como corresponde a una alma evolucionada. Por lo que, sabiendo que todo sucede de acuerdo con nuestro mejor bien y cuando ha de acontecer, decidió salir adelante con la certeza de que si el caballero era su destino así sería. En caso contrario, su auténtico destino no iba a permitir que ella se quedase sin recibirlo. Su ángel custodio tenía que ahuyentar al caballero de la vida de la reina, también de su corazón. Dado que nada sucede sin un por qué --todo problema encierra la semilla de una oportunidad-- , imaginemos que el caballero había aparecido en la vida de la reina porque esta tenía algo que enseñarle, como una especie de "compromiso del alma" con el caballero de la armadura demasiado oxidada, y nada más. Un compromiso que versaba sobre la entrega de magia, enseñanza vital o apertura a las mazmorras interiores... De hecho, la presencia de la reina supuso, en el caso del caballero, una fuerte sacudida de sus estructuras vitales. No en vano, ella, al ser diametralmente diferente de todas las que había conocido anteriormente en su vida, le dejó boquiaberto el sentido y mareada la armadura. Asimismo, dicha sacudida puso de manifiesto la debilidad de sus coartadas, la incertidumbre de su vida y la inseguridad de su máscara vital (personaje de protección creado por su Ego), ya que ésta se quebró con demasiada facilidad ante la luminosidad de la reina. Por consiguiente, cumplido el compromiso, la reina quedaba liberada para poder seguir adelante sin tener que esperarle. Y así lo hizo.
(...) El destino nunca deja de lado a una reina, nunca. Sencillamente porque una reina no se deja a sí misma de lado jamás. No dejarse de lado significa asumir responsabilidades, analizar el qué, cómo, dónde y con quién en vez de culpabilizarse. Todo esto equivale a hacer un análisis somero de la situación, evaluar los daños, decidir una estrategia para reparar lo reparable e idear cómo evolucionar a partir de la experiencia.
Fragmento de "La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada", de Rosetta Forner
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