
“- ¿Lo ves que eres ñeco del haba? Nuestro Señor era hijo de un carpintero y estaba acompañado por unos muertos de hambre peor que él; durante toda su vida llevó un único vestido, nos lo decía el cura en la iglesia, que no tenía costuras para que no se le estropeara antes de cumplir los treinta y tres, y tú me sales con que se iba de jarana con un cáliz de oro y lapislázuli. Bien me la cuentas tú. Ya era mucho si tenía una escudilla como ésta, que se la había tallado su padre de una raíz, como hice yo, cosas que duran toda una vida y no se rompen ni con un martillo; anda, que ahora que me lo pienso, dame un poco de esta sangre de Jesucristo, que es lo único que me ayuda a morir bien.
Por todos los diablos, decía Baudolino. Tiene razón este pobre viejo. El Greal debía de ser una escudilla como ésta, sencilla, pobre como el Señor. Por eso quizá esté ahí, al alcance de todos, y nunca nadie lo ha reconocido porque durante toda la vida han buscado una cosa que reluce.”
Fragmento de BAUDOLINO, de Umberto Eco.
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