
Mi vida está hecha de noches,
de lágrimas de estrellas, de lunas
frías y silenciosas.
Como un ángel de las tinieblas
se acostumbraron mis ojos a las calles
oscuras, a la penumbra de los bares,
a la luz, de neón, artificial.
Gentes, recién llegadas de la tarde,
aseguran que volvió la primavera
y en mi ropero sólo hay trajes negros,
presentimientos negros,
máscaras de amargura.
Señora de los Cielos Luminosos,
cuando no sea un maldito
me haré unas alas
—como Ícaro—
e intentaré volar al sol.
de lágrimas de estrellas, de lunas
frías y silenciosas.
Como un ángel de las tinieblas
se acostumbraron mis ojos a las calles
oscuras, a la penumbra de los bares,
a la luz, de neón, artificial.
Gentes, recién llegadas de la tarde,
aseguran que volvió la primavera
y en mi ropero sólo hay trajes negros,
presentimientos negros,
máscaras de amargura.
Señora de los Cielos Luminosos,
cuando no sea un maldito
me haré unas alas
—como Ícaro—
e intentaré volar al sol.
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Javier Salvago
2 comentarios:
Hola Mireia.
Son extmadamente bellos poema, pero tan melancólicos, tan terribles, a veces, tan desasosegantes... que te dejan sin fuerzas. Y aun en la esperanza muestran la desesperanza. Como si no hubiera salida. Hay en éste, algo del lobo estepario. Una atmósfera llena de amargura.
¡Qué llegue la primavera! Y qe lo hga ya.
Besos.
Diego
Muy acertado tu comentario, Diego, ídem de la similitud con el lobo estepario y su insatisfacción.
¡Sí, que llegue la primavera ya!
Besos de vuelta :)
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