
El color de los ojos de aquel amor de niño.
El calor del primer beso, que no consigo
recordar, aunque sé que debió de haber sido
inolvidable. Tantos compañeros y amigos
de colegio o de farra, que un día fueron íntimos.
El latín. Tantos nombres de montañas y ríos.
Tantas duras lecciones. Tantos y tantos libros,
con pasión devorados, siempre abiertos, leídos
y olvidados, igual que olvidamos caminos,
propósitos, heridas, afectos y cariños,
paisajes y rostros que el tiempo ha diluido.
El calor del primer beso, que no consigo
recordar, aunque sé que debió de haber sido
inolvidable. Tantos compañeros y amigos
de colegio o de farra, que un día fueron íntimos.
El latín. Tantos nombres de montañas y ríos.
Tantas duras lecciones. Tantos y tantos libros,
con pasión devorados, siempre abiertos, leídos
y olvidados, igual que olvidamos caminos,
propósitos, heridas, afectos y cariños,
paisajes y rostros que el tiempo ha diluido.
Cuando la vida pasa, son tantos los olvidos.
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Javier Salvago
2 comentarios:
Hola Mireia.
Y cuando eso ocurre, que es cierto, ¿qué hacemos? Muchas veces me lo he planteado y nunca he encontrado la respuesta satisfactoria. Tal vez lo necesitemos. Tal vez sea un proposito nuestro Tal vez un descuido...
Un beso.
Diego
Hola Diego!
Como muy bien dices, puede ser necesidad, propósito, descuido... o una mezcla de todos. También ignoro la respuesta. Lo que está claro es que es la realidad, nos agrade o nos disguste.
Gracias por pasarte, besos de vuelta!
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