
Mínimamente fiel es el mañana,
dice Horacio,
sin que apenas escuchemos su voz,
porque nos obsesionan los días venideros,
y descuidamos cuanto el presente ofrece:
la casa silenciosa, sus aromas,
un frugal desayuno en la cocina,
mientras humean las infusiones
de flor de manzanilla y ajedrea.
dice Horacio,
sin que apenas escuchemos su voz,
porque nos obsesionan los días venideros,
y descuidamos cuanto el presente ofrece:
la casa silenciosa, sus aromas,
un frugal desayuno en la cocina,
mientras humean las infusiones
de flor de manzanilla y ajedrea.
Tras los cristales, el cielo blanquecino;
transeúntes ruidosos en sus ciclomotores.
transeúntes ruidosos en sus ciclomotores.
La gente en movimiento va poblando las calles
en las primeras horas, desvanecidas
por nuestras ilusiones de futuro.
en las primeras horas, desvanecidas
por nuestras ilusiones de futuro.
Ayer hablabas del otoño cuando febrero nos recibe,
y es tan incierto el porvenir, tan limitado el tiempo,
ni seguro siquiera, para perderlo en proyectos continuos,
cuando clama la vida en esta hora,
y los alientos se funden con la niebla,
mientras atravesamos el paseo,
y aire temprano refresca nuestros rostros.
y es tan incierto el porvenir, tan limitado el tiempo,
ni seguro siquiera, para perderlo en proyectos continuos,
cuando clama la vida en esta hora,
y los alientos se funden con la niebla,
mientras atravesamos el paseo,
y aire temprano refresca nuestros rostros.
Dionisia García
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